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La mujer mas generosa de España

Sábado, 4 mayo, 2013 | LOC, EL MUNDO.

Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno y Seebacher expiró el pasado 1 de octubre. Murió sin descendencia y sin parientes cercanos. A lo largo de más de ocho siglos de Historia, su familia sumó tres títulos- el condado de Torre Arias, el marquesado de Santa Marta y el de Torre de Esteban Hembrán- y amasó y un inmenso patrimonio. Las tres noblezas irán a para a Luis Mesía Figueroa, primogénito de la hija mayor de María Concepción Pérez de Guzmán el Bueno, tía carnal de doña Tatiana y de II conde de Romanones. El dinero y el resto de su fortuna, sin embargo irá a parar a la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno y Seebacher, constituida hace solo un año, y que tiene ‘fines de carácter formativo, educativo y científico’. La generosidad de doña Tatiana se antoja tan incalculable como su patrimonio: 500 millones de euros (83.000.000 millones de las antiguas pesetas) que, a partir de esta semana, se destinarán a becas, financiación de investigaciones científicas, restauración del entorno natural, cursos para jóvenes…Una gran noticia para España en esta época de recortes, tijeretazos y montorosdemasiado bravos.

HAsta ahora, Tatiana Pérez de Gúzman el Bueno solo era un nombre habitual en las listas de los ricos de España. Cada año, la pregunta que rondaba a los lectores era la misma: ¿Y cómo es la condesa de Torre Arias? por primera vez y en exclusiva, La Otra Crónica publica una imagen de la mujer más generosa de la Historia de España.

La instantánea data de 2012. La tomaron en julio, tres meses antes de su muerte. Tenía ya 88 años pero aún seguía cuidando de las plantas de su jardin. La condesa de Torre de Arias hablaba el lenguaje de las flores y era una consumada botánica. Se había trasladado a uno de los edificios que poseía en la calle Martínez Camposde Madrid pero, cada mañana, su chófer la llevaba en u viejísimo Mercedes azul a la Quinta de Torre Arias, en el 551 de la calle Alcalá. la condesa posó entonces con una adelfa, una planta hermosay florida pero sumamente venenosa , tanto como algunas herencias.

No es el caso de la de doña Tatiana, como aún la llaman los trabajadores de la fundación. Su historia de soledad no es ni mucho menos trágica.

Vivió una plácida historia de amor con su marido Julio Peláez de Avedaño, que murió en 2003 dejandole a solas con sus plantas, sus perros y el personal que se ocupaba con mimo del patrimonio. Pese a lo que se haya dicho, nunca fue una mujer débil. Tampoco estuvo a la merced de sus administradores. Muy al contrario tenía un carácter súmamente férreo y disciplinado. ‘Estaba al tanto de cada una de sus inversiones y ¡ay! de ti si cometías un error de apreciación. Era muy exigente’, recuerda una persona que trabajó con ella.

Pero Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno nunca quiso destacar y mucho menos figurar. Detestaba el alarde y el dispendio. Era discreta y frugal.

‘Yo la conocí de mayor. Era menuda pero tenía buena presencia. Llevaba siempre pantalones, un pañuelo de seda al cuello del que prescindía en verano y camisa. Todo era de buena calidad, aunque fuese viejo’. Pero la mirada era lo que más impresionaba a los que la trataban, como algunos directores de banco, eran los ojos suspicaces, vivísimos e inteligentes’. Otra persona que trabajó con ella recuerda que ‘a su modo era feminista. Siempre le admiraba lo lejos que había llegado la mujer y le encantaba Esperanza Aguirre, no tanto por su tendencia política como por sus logros’. Es por este motivo que uno de los findes de la Fundación Torre Arias será, según la documentaci´´on exclusiva a la que ha tenido acceso este suplemento y que por primera vez se publica, es impulsar la investigación científica, con especial atención al protagonismo de la mujer en este ámbito.

El interés por la Ciencia le venía a doña Tatiana por su marido, Julio Peláez Avedaño que ‘había estudidado física!. El conde consorte abandonó la investigación cuando en 1949 contrajo matrimonio con la condesita de Torre de Arias. El enlace se celebró en la iglesia de San Jerónimo el Real. ‘ La novia, rezaban las crónicas de entonces, vestía traje de falla y velo de encaje antiguo, que perteneció a su abuela’.